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UN REFLEJO DE SWANN

En ‘Un reflejo de Swann’ – extenso relato escrito a la manera de Proust por Andrés Salamanca – el deseo y las búsquedas del amor plantean en el protagonista y narrador dos viajes sin retorno ni estación de llegada. Este andar paisajes del norte de Colombia, en contraste con lugares del altiplano andino, es con certeza la espina dorsal de la narración y lo que le brinda una lógica.

A la par con el recorrido quien lee esta prosa poblada por los usos propios de Proust – extensas digresiones, metáforas dilatadas que se entrelazan entre sí para brindar una idea del carácter voraz de toda experiencia temporal; entre muchos otros -, encuentra una voluntad narrativa cercana al ensayo, sobre todo a la reflexión estética. Práctica acuñada por Proust, como se sabe, y plena en su realización dentro de la novelística centroeuropea que le es más familiar ( Broch, Musil). Al servirse de este propósito estilístico, el autor de ‘Un reflejo de Swann’ consigue mostrar el valor del periplo propuesto por el anhelo del cuerpo femenino y por la infatigable quimera del afecto correspondido, relacionándolos con prismas de la condición humana en su sentido perceptivo. Así, por ejemplo, la espera del arribo de la mujer querida se convierte en una meditación acerca de la interpretación musical y de la escucha de sonoridades sinfónicas o pianísticas. Ninguna anécdota del relato pasa desapercibida para el lente proustiano, y le es entregada a quien lee entre un tamiz amplio y examinado con minuciosidad.

Andrés Salamanca explora las sinuosidades de los sentimientos y las emociones. Y nos entrega un texto con particular densidad para proponer preguntas que siempre se formulan los lectores del autor de ‘En busca del tiempo perdido’: ¿Cuál es el límite estético demarcado por el deseo y por el amor? ¿Volvemos de continuo a nuestras exploraciones vitales, también artísticas, o las abandonamos sin notarlo?

‘Un reflejo de Swann’ es la ópera prima de su autor. Ha sido publicada por la editorial independiente Garcín.

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Historia de un garabato tal como la relató Antonio Caro

Para Esperanza Verdugo

Muchos de estos ejercicios se basan en problemas que he tenido durante mi carrera.

Hablo de lo mío porque me toca.

Me prestaron una galería.

Yo era joven.

Quería pintar directamente las paredes. Una mancha más o una menos no afectaba.

Quería pintar palabras sobre las paredes.

A los de la galería les dio igual.

Diseñé unas palabras sobre las paredes.

En esa época pensaba.

Me dije a mí mismo: “Vamos a hacer letras decoradas”.

Pensé en los libros de cuentos infantiles. En la hache de “Había una vez”. Una letra con adornitos.

¿Qué adornitos le iba a poner a esas palabras?

Se me ocurrió algo: llené la sala con las palabras.

Unas cosas como así:

PALABRAS

Empecé a hacer unos borrones.

*/////////)(((==¨—)))/////))))(((((//—-

La gente preguntaba:

-¿Qué es eso?

-Unas matas de maíz, ¿no ven?

Iba dibujando mejor.

Y esto pasó durante años.

Dibujando, poco a poco, iba encontrando una estructura y un ritmo.

Trataba de hacer las maticas muy bien.

Trataba de ponerlas en todas partes.

Un buen día sucedió algo especial: las que yo llamaba matas de maíz ya tenían una estructura básica.

Ya no estaban las palabras.

Ahora estaban las matas.

La mata.

La hacía muy grande, y ya no llegaba al suelo.

Empecé a pulir el garabato.

Eje. Estructura triangular. Ritmo.

Duré años y años haciendo esto.

Un garabato.

En 1992 una institución desaparecida, Adpostal, organizó un concurso cerrado para unas estampillas. Mandé la foto de un garabato de maíz. Gané.

A un amigo le encargaron hacer la parte técnica de las estampillas.

Enmarcó mi garabato del maíz, le puso un marquito y con ese diseño hicieron la estampilla.

El símbolo era impuesto.

Lo impuso Adpostal.

Y comenzó a funcionar como símbolo.

Gasté quince años, dieciocho años haciendo el garabato. Y miren que les estoy pidiendo a ustedes un garabato de un día para el otro…

También el problema semántico. Un signo que no denota sino connota.

Hay signos blandos, vacíos.

Hay signos fuertes y llenos.

El maíz hace referencia a las culturas indígenas, autóctonas. Más o menos ha funcionado.

La gente hace asociaciones con el símbolo. No es que el maíz estuviera así: hace diez mil años los indígenas combinaron plantas y produjeron lo que conocemos como el maíz. No estuvo siempre así.

Esa es un poco la historia.

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Eliseo Diego, cien años

images

 

Oír el silencio

que sigue a la palabra de uno mismo. Murmullo

 

de la mínima piedra

 

tallada a imagen

de la tierra, y que los que hablen

no sean

 

sino la voz que los habla

al aire.

 

Y él contará

de cada cosa que vea en este espacio,

y se lo contará al muro mismo

que crece ante él:

 

y para esto también habrá una voz,

aunque no será la suya.

 

A pesar de que él hable.

 

Y porque sea él el que hable.

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Franz Kafka, Aforismos 31

meditando33

No aspiro al autodominio. El dominio de uno mismo significa querer actuar sobre un punto casual de las infinitas irradiaciones de mi existencia intelectual. Pero si tengo que trazar esos círculos en torno a mí, prefiero hacerlo de modo inactivo, dedicándome a la mera contemplación del enorme complejo, y me llevo conmigo sólo el reforzamiento que esa visión me da e contrario.

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Franz Kafka, Aforismos 29

turin horse

Las reticencias con las que admites al mal en tu seno no son tuyas, sino del mal.

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El animal arrebata el látigo al amo y se azota a sí mismo para convertirse en amo sin saber que eso sólo es una ilusión, provocada por un nuevo nudo en el látigo del amo.