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Belén – Medellín – 2005 (Un relato)

Belén (Medellín) – 2005

Para Diana Cardona

Para su mujer y para usted son indispensables las opiniones, tribunales y juicios de los demás. De pronto usted nota inexplicable pérdida de interés en sus vecinos, sus familiares y sus compañeros de trabajo. Como unión de hecho, relación matrimonial sin la bendición del Creador, como estrecho lazo entre su mujer y usted, tal parece que ya no resultan atractivos para las gentes que los circundan, hace varios meses que no especulan acerca de ustedes, ni los toman en cuenta si de cuchichear o emitir mórbidos rumores callejeros se trata. Cuánta diferencia con aquellos tiempos pretéritos, recién amangualado con su mujer en esa misma casa: los chismes iban y venían, entremezclándose, engordando unos a los otros.

Todavía no se lo comente. Tiene que estar convencido de que su mujer estará de acuerdo con usted en que perder paulatinamente la celebridad entre sus coetáneos, dejar de ser la comidilla de las gentes chismosas de bien, entraña un mal signo. Usted se dirá: al menos éramos importantes por algo. Y construye en consecuencia un plan eficaz que los ubicará otra vez en el centro de los comentarios de bajo presupuesto y en la mala fama.

El armazón del plan es, más o menos, el siguiente:

Demostrar que usted tiene muchos misterios.

Su mujer demostrará que guarda muchos secretos.

Salen a la puerta de su casa y fingen alaridos, onomatopeyas que den a entender su falta de serena comunicación. Empujón de la mujer a su tórax. Puñetazo de su cosecha a la pared, o palmada a un vidrio. Aumentan los gritos y las tonalidades sonoras. Sollozos descontrolados.

Los vecinos ocultarán sus cabezas y brazos tras las cortinas. Balanceo de cabezas. Los primeros transeúntes y curiosos se detienen, en la acera de enfrente, ansiosos de un buen espectáculo.

Su mujer, con respiración agitada, intenta dialogar con usted.

Usted le contesta con insultos de calibre grueso. Mencionar entre palabrota y palabrota sucesos escabrosos del pasado de su mujer. Como restregándoselos o reprochándoselos. Recurrir a la pérdida de su virginidad hace doce años no funcionaría. Ese dato ya lo saben de memoria los demás, el público que se irá agolpando en la vía pública mientras usted inicia su rutina autocompasiva. Recalcar en su propio desinterés, su desprendimiento y espíritu de sacrificio en contraste con la malignidad y sadismo de su mujer.

Chirridos de ventanas abriéndose. Los vecinos, de brazos cruzados en los marcos de sus ventanales, observarán el desarrollo de la pelea. Uno o dos saldrán al balcón para llamarlos al orden mediante estilo cariñoso. “Por favor” –dirán– “no discutan, arreglen sus diferencias sin violencia”.

Su mujer intenta abrazarlo. En principio usted se resiste, pero luego la abraza, contundente y apaciguado.

Aburrimiento instantáneo de los vecinos y curiosos ante lo impredecible de la situación que acaban de contemplar. Unos realizan muecas de desagrado y se van o retornan al interior de sus viviendas. El que deseó llamar a la patrulla de la policía se arrepiente y niega con la cabeza, decepcionado. Los espectadores se divierten cuando saben dónde, en cual parte de la historia deben reírse, desesperarse o chillar.

De pronto, su mujer entra de prisa en la casa. Unos cuatro segundos después sale con una pequeña bolsa negra en la mano. Se va. Ninguno de los presentes la detendrá. En este segmento el escaso público que les preste atención experimentará un estallido de emociones y entusiasmos dentro de sí. Querrán prorrumpir en aplausos pero la decencia se los impedirá.

Usted, reclinado en la pared, furioso,  sin ganas de llamar a su mujer (quien ya irá varias calles adelante) mirará con odio visceral a quienes lo determinen silenciosos. La palidez en su rostro debe sugerir su absoluta impotencia, su absoluta indefensión. Sin perder, por supuesto, su agresividad.

Para cerrar con ojal, botón y broche de oro, perpetre en su casa acompañado de un sonoro y brusco portazo.

La clave de este operativo es desilusionar a los espectadores. No presentarles un desenlace claro garantiza que inicien, en ese mismo momento de la gresca liquidada, su sarta de murmullos y conjeturas en torno a la pareja conformada por usted y su mujer.

Aprovechar la candidez de los conceptos “Pareja Bonita” o “Pareja Estable”, enraizados en las molleras de los comentaristas, y dejarles la impresión o sospecha de que, por su culpa, una tierna historia de amor, un mundo de posibilidades, se están desvirtuando o los está botando al caño.

Por lo demás, les basta sentarse en el sofá a esperar. La avalancha de relatos oblicuos y mal intencionados de la que serán víctimas y protagonistas no se hará esperar: no se puede pasar por este mundo sin ser notado, sin dejar huella.

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Autor:

Psile et psole.

Un comentario sobre “Belén – Medellín – 2005 (Un relato)

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