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Bah 1

He tenido que iniciar una declaración o pequeño texto acerca de mi poema preferido, a instancias de mi editor que lo necesita para cierta antología en la cual les pide a cien escritores elegir un manuscrito poético de su predilección y explicar las razones por las que lo escogieron.

Acepté la invitación del modo más impulsivo, algo inusual en mí, y esta empresa ha devorado buena parte de mis vacaciones; tuve que buscar entre papeles muy viejos y recordar en exceso: una incomodidad. Además me vi obligado a descuidar una novela ya iniciada para documentarme, para no especular ni tergiversar informaciones.

La escritura se ha dificultado porque me cuesta poner sobre las hojas de papel asuntos reales. En este caso específico no puedo darme el lujo de cubrir con ficciones las circunstancias en que ese poema fue escrito. Digo esto porque no soy cronista ni reportero. Porque los móviles del poema y la historia de su autor son absolutamente verídicos. Mencionar detalles aproximados no le haría justicia ni al texto ni a quienes lo motivaron. Donde quiero redactar suposiciones o sobreentendidos los hechos reales me fuerzan, desde el pasado acusador, a ser minucioso, a contar lo ocurrido sin agregar ni restar un ápice.

Debo escribir una novela real. Así es la historia de ese mentado poema. Una anécdota baladí con empuje de comprimido novelístico. Aunque no lo pareciera.

 

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