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Premio Nobel para la literatura

dylan460

Como sucedió con Bergson, Bertrand Russell o, por trampolines del desaire, Winston Churchill, la Academia Sueca brinda sus sorpresas de cuando en vez.

Entrega un premio que siembra polémicas durante meses y años enteros.

Lo hace quizá por ganas de provocar. Por el alboroto del avispero. Pura gana de arañar donde no se puede. Juegan, también. Y están en todo su derecho. Este año no se quedaron atrás.

Le entregaron el Nobel de literatura a Woody Guthrie. Y a su máquina de matar fascistas.

Guthrie está completamente loco y bien encerrado en un manicomio.

El escándalo ha sido inevitable.

¿Qué clase de literatura escribe Woody Guthrie, por favor (si es que aun escribe)?, ¿Es eso literatura? han preguntado las buenas gentes. Todo con muy buena intención, no vaya a pensarse que estas cosas se dicen por impulso o para defender algún status quo. Y literario, menos. La literatura no es asunto de ataques ni defensas, no, a nadie se le pase por la cabeza.

Pete Seeger y un tal Leonard Cohen han salido en defensa del pobre Guthrie. Está chalado, sí, no escribe libros, canta, se ofende y conduce a la ofensa. Cohen, de hecho, ha argüido que si este galardón se hubiera entregado hace cincuenta años a ninguna persona se le hubiera ocurrido molestarse porque poco valían los rótulos y las marcas en aquellas épocas. Cuán mezclados estaban los de la música campesina con los poetas, los pintores, los novelistas con los músicos de rock. Y no importaba. Las ideas se movían sin restricciones y hasta un tipo olvidado, Tuli Kupferberg, terminó Cohen, podía marchar, escribir, presentar obras visuales o lo que se le antojara, y se le aceptaba.

“Ahora, es una desgracia, debes probar que eres escritor. Y te tienen que certificar los entendidos”, dice el joven novelista Rodrigo Fresán.

Además acaban de informar que Guthrie desde luego no puede ir a la ceremonia donde entregarán los Nobel. Prescripción, prohibición, médica es el motivo. Si tuviera sus facultades correctas, han dictaminado los que saben (otros expertos que además legislan sobre el comportamiento del demente), podría asistir. Pero así, peligroso e ido, mejor que no vaya.

Ya estaba lista la delegación. Gente de Greenwich Village, representantes del festival de Newport, Tom Petty, Bruce Springsteen, los beatniks que quedan (con Ferlinghetti añadido), Sam Peckinpah y Johnny Cash, Arthur Rimbaud y Jimmy Hendrix, Patti Smith. Todos.

Hasta los escritores de reciente generación se prepararon.

Guthrie alcanzó a balbucear el apellido de su discípulo predilecto para que sea él quien vaya a recibir el Nobel, tome el dinero y dé un discurso.

La generalidad aprobó esta decisión (porque entendía desde el principio las imposibilidades del viejo músico deschavetado). Y acompañarán al silencioso discípulo hasta Estocolmo.

No lo han interrogado acerca de la clase de discurso que pronunciará. No saben siquiera si se trata o no de un discurso.

Porque las sorpresas continuarán. Así lo ha manifestado otro escritor, más joven, llamado Patricio Pron. “Este es solo el inicio”, concluyó.

“¿Y la literatura?” inquiere un adolescente de apellido Franzen. Ahí está, intacta, le contestan casi a coro todos los demás.

Lo que en verdad les preocupa a delegados, escritores, Academia Sueca, al público que recita o brama las canciones, es si el discípulo acudirá o no a la cita. Si – pues todo es posible – renunciará al privilegio. Pero, seamos sinceros, está es una preocupación menor.

Que sigan el desorden y la fiesta, grita alguien al fondo.

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Autor:

Psile et psole.

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