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FELICIDAD – Farsa trágica en un acto –

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Al fondo del escenario, la Señora. Una sola luz para ella. A medida que avance irá caminando en línea recta hasta casi abalanzarse, al borde de las candilejas, sobre el público. Una vez inicie su lenta caminata se encenderán luces para la criada. La Señora nunca mirará a la Criada; por el contrario, la Criada se moverá en todas direcciones. En ningún momento rozará a la Señora.

 Señora: (A punto de quitarse el abrigo) ¿Criada?

(La Criada hace su aparición, presurosa)

 Criada: Mande.

Señora: El abrigo.

Criada: Al instante (le quita el abrigo con una sobria y estudiada elegancia).

Señora: A pesar de mis cincuenta años quisiera volver a saltar la cuerda, a trotar por ahí. Como puede notarlo no estoy loca, no.

 (La Criada mira con desprecio el abrigo que aún lleva en la mano)

 Criada: Todavía.

Señora: ¿Todavía?

Criada: Todavía no está loca, no. (Con desden tira el abrigo al suelo)

Señora: Criada.

Criada: Mande.

Señora: La fruta.

Criada: Está lista.

Señora: Y mi hija de meses…

Criada: También lista.

(La Señora se encoge levemente; mira al público entre sospechas y sonríe).

 Señora: Me observo en este espejo…

Criada: ¿y?

Señora: … me observo, soy de nuevo toda una mujer.

Criada: Seguramente… (se retira)

Señora: Aún puedo esperar que algo importante suceda… demórese, demórese por favor… sé que acepta este juego sin reclamos porque sabe que en realidad esto no es un juego… no quiero morir… y esta corta prolongación de mi vida, este juego, debe continuar…

(La Criada entra con una sola fruta en la mano, la lleva izada. Su caminar es galante y ceremonioso, como si llevara una bandeja atiborrada de viandas. La fruta está podrida. Anuncia su entrada. )

 Criada: La bandeja, repleta de frutas.

Señora: Sobre la mesita de centro.

Criada: (mientras arroja la fruta podrida a un costado) Sería bueno encender las luces.

Señora: ¡No!… todavía puedo ver.

Criada (Mirando a la penumbra del público, indignada). Como diga…

Señora: Describa las frutas.

Criada: (Duda un momento. Luego, empieza a mentir)… peras, peras muy suaves. Uvas verdes. Uvas negras. Todas jugosas. Jugosísimas.

Señora: ¿Uvas negras?

Criada: Combinan con el color de la alfombra.

Señora: (sin dejar de mirar al frente) Esas frutas. Ordénelas. Adórnelas.

(La Criada llena de fastidio se encoge de hombros dos veces y mira con desprecio a la Señora).

 Criada: … Ya terminé.

Señora: Modere su vocabulario.

Criada: ¿Qué?

Señora: Esta es una casa decente. (La criada frunce el ceño; desaprueba con la cabeza). Sentido común. Equilibrio. Decencia.

Criada.

Criada: Mande…

Señora: Esto es la felicidad. (Se ríe complacida) De prisa. Mi hija de meses. Aquí. Rápido.

Criada: (corre al interior mientras grita) ¡¿su hija de meses?!

Señora: Hermosa, como la madre. Nadie lo niega.

(La Criada retorna afanosa con unas cuantas cobijas viejas y rotas, las va enrollando entre los brazos).

Criada: (Se pasea con el bulto de cobijas simulando que lleva entre las manos a una recién nacida) No llore. La voy a dejar con su mamá. Ya pasó. Ya pasó.

Señora: ¿Comió?

Criada: Señora, yo no he comido nada, esta casa está a punto de caerse…

Señora: Tarada. Pregunto por mi hija de meses. ¿Comió?

Criada: (Recapacitando; arrullando a las cobijas)… sí, sí. Esta mañana.

Señora: ¿Se ha portado bien?

Criada: ¿Su hija… de meses?

Señora: Por supuesto. Quién más.

Criada (Furiosa) No creo que exista niña más dócil sobre la faz de la tierra.

Señora: Idéntica a la madre.

(La Criada observa las cobijas con repugnancia)

Criada: Idéntica sí. La misma cara. Los mismos gestos.

Señora: Mis amistades lo han mencionado. (Voz de mando) Niñera. Institutriz.

Criada: ¿Qué?

Señora: Niñera. ¿A dónde llevó a mi hija de meses?

Criada: … hoy… al parque. Su hija de meses corría, corría por los potreros. Luego se puso a molestar las orejas de un perro.

Señora: ¿Perdón?

Criada: Quiero decir que… que un perro se acercó y saltaba, saltaba. Quería jugar con nosotras; quiero decir… (Le acerca los trapos)… señora. Su hija de meses. (Hace el ademán de entregarle los trapos)

Señora: (Sin dejar de mirar al frente. Serena. No le recibe los trapos) Sí, la veo. Muy tierna. Estoy a punto de llorar. (Suelta una carcajada estrepitosa pero no descontrolada; es una risa similar a un chillido). No puedo evitar el llanto. Es mi hija de meses. (Sigue riendo. De un modo sorpresivo, vuelve a su estado rígido). Niñera.

Criada: Mande.

Señora: Deseo amamantar a mi hija de meses.

Criada: Para mí sus deseos son órdenes. (Le entrega los trapos)

 (La Señora retiene las viejas y raídas cobijas durante cuatro segundos en completo silencio

 Señora: Qué hija de meses tan bonita. Muy bonita. (La Criada observa a su patrona. Esta deja resbalar las cobijas, las cuales quedan desperdigadas, a sus pies)

(La Criada pretende retirarse con sigilo, en puntas de pies)… Criaaaaada.

Criada: (Se rasca la cabeza, ofuscada) Mande, pues…

Señora: Hoy tenemos invitado a cenar.

Criada: ¿Invitado? … ¿Hoy?

Señora: Publio.

Criada: Publio, sí.

Señora: Publio Ovidio, mi prometido.

Criada: Señora, usted es viuda…

Señora: ¡Cuándo yo hablo nadie interrumpe!

Criada: Dispense.

Señora: Nuestro plan es traer cuatro hijos a este valle de lágrimas. Luego, luna de miel. Después, matrimonio.

Criada: Imagino que no demora en anunciarse.

(La señora dibuja un gesto de suspicacia, incluso de sospecha)

 Señora: Criada.

Criada: Mande.

Señora: Absolutamente reprochable. Reprochable. Suenan las campanillas del timbre. Abra la puerta. Es Publio.

Criada: Señora, por favor… no escucho ningún timbre.

Señora: ¡Diríjase a la puerta! ¡Es una orden! (La criada se dirige al interior, malhumorada)

Criada: (Mientras sale) No escucho timbre porque en esta casa ni siquiera hay timbre…

Señora: Ahora, ahora Publio Ovidio, seremos felices por toda la eternidad…

(La criada entra con una camisa de hombre, un sombrero, un bastón y un pañuelo de color vistoso entre las manos)

 Criada: (Voz de anuncio) ¡El respetable y honorable señor don Publio y Ovidio!

Señora: ¿Publio, mi prometido? ¿El hombre con el que me casaré? (La criada se dirige a un rincón claro-oscuro de la escena para ataviarse con los objetos que trae en las manos) ¿Publio Ovidio, amor mío?… mi corazón te llama… pero no respondes…

Criada (Con el sombrero y la camisa puestos, aferrándose al bastón; fingiendo de un modo errático ser Publio; se trepa a una silla) Eeeeh… sí, sí, vida mía. Heme aquí… mmm… postrada… postrado de hinojos ante ti.

Señora: Publio…

Criada: Dime, alondra. Tu voz es la más fina música para mis oídos; habla, habla de modo que a mi alma retornen la paz y la esperanza. Soy tu siervo. Tu esclavo.

Señora: Publio Ovidio, hombre encantador…

Criada: Eeeeh… debo reconocer humildemente que soy un hombre agraciado… las mujeres mueren, braman, se hipnotizan por mi culpa… pero… pero tú eres la única,  bella flor de… de… de azalea…

Señora: … encantador, digo. Hombre noble.

Criada: (Se arregla el pañuelo en el cuello) ¿Sí?

Señora: (Tono marcial) No soporto que llegues tan tarde. Tu impuntualidad es una ofensa. La peor grosería. Eres un ser despreciable, sucio, atarbán, malhechor, mentiroso, granuja, zarrapastroso. Te odio. Te odio. Fuera de mi casa, rufián miserable. Maldigo el día en que llegaste a mi vida. (Se ríe con su acostumbrado cinismo) ¿No te importan estas lágrimas que estoy derramando por ti? (Nueva carcajada) ¡Fuera de mi hogar, gusano!

 (La Criada se quita el sombrero y las demás prendas masculinas; alza el bastón con ademán amenazante)

 Criada: Perdone… perdone pero no me queda más remedio…

Señora: ¿Acaso olvida su oficio, criada?

(La Criada se detiene con el bastón en lo alto)

Criada:(bajando el bastón) Usted hace las cosas más difíciles, señora.

Señora: Paciencia… tenga paciencia…

Criada: (desciende de la silla)  Entienda. No puedo estar aquí, todo el día, con usted. Póngase en mi lugar.

Señora: Cuestión de recordar mi vida entera hasta hoy, ya casi termino, pierda cuidado.

Criada: ¿Falta algún punto de nuestro plan?

Señora: La comodidad de esta mansión. Mi ampulosa clase social. Mis amores de juventud.

Criada: Incluya en su balance la muerte de su esposo… y el hijo que nunca tuvo.

Señora: Detalles sin importancia.

Criada: Sí, tiene razón. Qué falta, entonces.

Señora: La felicidad.

Criada: ¿Felicidad?

Señora: Veinte años de dicha, encerrada en esta casa vieja. Sola. Sola. Sin deudas, sin compromisos.

Criada: La soledad absoluta.

Señora: La felicidad absoluta, querrá decir.

Criada: Como quiera. De todos modos eso, felicidad o soledad, concluye hoy.

Señora: Criada…

Criada: Señora, por  favor: ya he perdido mucho tiempo en este papel de criada. Mi obligación es sacarla de aquí sin vida. Llegó su hora. Le ruego se prepare…

Señora: Criada…

(La Criada se rasca la cabeza, suspira)

Criada: (resignada) Mande…

(La Señora llega al borde del escenario. Observa la oscuridad del auditorio y los rostros del público, desesperada).

 Señora: (señalando al público) Averigüe que hay más allá de esa oscuridad…

Criada: Fácil. Ahí están unas personas que vinieron a acompañarme. Atrás, unas bancas vacías. Y mucho más allá las puertas de salida.

Señora: ¿Sabe usted si son las mismas puertas para entrar?

Criada: …supongo que sí.

(Pausa. La Señora entra en la fase final de su agonía. La Criada se molesta un poco)

Criada: ¿Por fin? ¿Tomó ya la decisión, señora? Después de cincuenta años de vida, hoy, en el día de su despedida ¿está dispuesta a salir de aquí conmigo? Porque a eso he venido. A llevarla conmigo.

(Pausa larga)

Señora: Yo sé… como diga.

(La Criada mira a la Señora; empieza a caminar en dirección al público. La Señora, sin mirarla, espera que la Criada dé algunos pasos. Luego, muy serena, la sigue. Salen por la puerta del teatro.)

 

OSCURO

 

 

N.B.: La primera función de ‘Felicidad’, montaje del grupo Mulieris Teatro, se llevó a cabo el 6 de enero de 2010 en la academia musical Escala de Duitama. Contó con la actuación de Ayda Sanabria como la Señora y Diana Sanabria en el papel de Criada. La dramaturgia y la dirección estuvieron a cargo de Darío Rodríguez.

 

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Autor:

Psile et psole.

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